
Con pesar el hombre pasó el dorso de su mano sobre esas lágrimas que la emoción le traía con frecuencia. Dejó el mate sobre la mesa junto a la carta a medio escribir, y en el piso quedaron unos bollos de papel como huellas inofensivas de la nostalgia que le costaba expresar con palabras.“Los recuerdos se amontonan y después no sabemos qué hacer con ellos, se dijo, y pensar que para algunos los sentimientos parecen descartables. Tal vez tengan razón pero, ¿de qué vale haber vivido tanto sino?”.
Su pregunta quedó en el aire para nadie y su pensamiento colgado quién sabe de qué plano espiritual.Otro día lo encontró con similares cavilaciones, el mate amargo, unos bizcochos del día anterior y la carta inconclusa. Hoy la termino, se autoimpuso guiñando un ojo a la virgencita a quien rezaba por sus afectos o intenciones. No mucho después se encontró caminando al correo a depositar lo que tanto trabajo le dio acabar. Deslizó el sobre por el buzón y mirando a sus costados como para no ser escuchado, invocó “buen viaje y destino”, algo que escuchaba de su padre siendo niño. Pasaron muchos días y la respuesta esperada siguió ausente, pasaron las fiestas de Navidad y Año Nuevo y 2007 iba gastando ya los primeros meses.“Ya vendrán los domingos”, murmuró yendo a la cancha en sábado. En la ventanilla sacó entrada de jubilado, pasó el cacheo policial, palpó las dos monedas para el “chori” y fue al rincón de siempre en la tribuna de Pujato. Subió despacio los escalones hasta e final para ver íntegro el manto verde del coliseo de la avenida mirando al sur. “Esos colores míos”, decía al aparecer la escuadra “tatengue” o al tragarse un resultado en contra sobre la hora, o en el dulce sabor de una victoria ajustada y trabajosa. “Los hinchunes de verdad llevamos el calvario adentro”, aseguraba al conversar con sus pocos amigos. Suspiró en lo alto de las gradas ante un “boleo” fuerte y lejos y por la pelota envenenada que no fue gol por el arquero. Mezclaba en su memoria el presente y a pantallazos parecían correr en el verde los héroes de antaño. “Aquel ascenso del 26 de noviembre, el gol del negro Ruiz, 1966, ¡cómo lo abracé entonces!, parecía mentira después del 3 a 1 en contra con Temperley, aunque llevábamos ventaja en la tabla. Regresamos a Primera contra Talleres (R.E.) y encima con el esperancino viniendo de una lesión. Pero Igual puso el gol que nos dio el cielo y la gloria. Victorio Nicolás Cocco agregó una “pepa” y otra vez el sello del “Fantasma” Orlando Ruiz para cerrar el sueño!”Regresó caminando a su casa como de costumbre. Ese día vio el partidazo contra Huracán que fue un 3 a 3 para el infarto. “Esta es una ilusión marcada a fuego, sin exagerar pero, qué bueno sería el ascenso”, se dijo murmurando bajito. Lo repitió unos pasos adelante al saludar a unos pibes de quienes pensó, “ellos pintan la tribuna con la rojiblanca y el corazón, qué joder”. Al día siguiente Don Jacinto fue a la panadería que abre los domingos, por unas facturas. “¿De festejo mi amigo?”, preguntó el patrón dejando mercadería en el mostrador. “No es para menos”, respondió Jacinto levemente distraído, pues pensaba en la carta enviada cuatro meses atrás. “Se habrá perdido y después de todo era solo una corazonada”, se conformó, y al recibir el vuelto de su compra se retiró con un “gracias don”. Ya en su casa llenó el termo de agua caliente y con su silla preferida y la radio se acomodó en la cocina”. Mojó la yerba y de reojo miró la foto de la “formación histórica” al tiempo que algo se aflojó en su pecho. Simultáneamente sonaron golpes en la puerta; ¡ya va, ya va!, expresó con poco aire mientras acudía a ver quien era. Sin recomponerse abrió. Un morocho sonriente le ofreció su mano en saludo y sorprendido Jacinto balbuceó, “qué busca señor”. Estaba sorprendido y agregó incoherencias, “ usted es.. qué va a ser, pero.. juraría que es.. que sos..”.
Jacinto no entendía nada pero ese rostro en el marco de su puerta le hablaba al corazón. “¡Feliz 15 de abril mi amigo!”, dijo el hombre abriendo sus brazos y allí el dueño de casa desentrañó el meollo. “¡Fantasma viejo y peludo!”. El grito se transformó en llanto y en abrazo con el reconocido morocho esperancino otrora goleador de su querido Unión. Este jugador fue responsable de un ascenso a Primera de Unión de Santa Fe y acudió al pedido de Jacinto en aquella carta que le costó terminar.
El texto parece inconcluso pero quise que quien lea imagine el diálogo entre los personajes. Mientras escribía esta especie de sueño que tal vez salió de la realidad, afirmé mi concepto de que la pasión de los jugadores y los que alientan desde la tribuna, es el ideal del alma. Orlando Ruiz no había contestado el mensaje del hincha pero en el día indicado y perfecto, el 15 de Abril de una tarde majestuosa de 2007, llegó a su casa para darle un tremendo abrazo en el Centenario del club. Dedicado a la filial unionista de Esperanza, a sus simpatizantes de toda la provincia y a los futboleros de corazón que honran su propia camiseta. (José López Romero)
(Texto de mi autoría en 2da versión)
Formación de Unión que consiguió el ascenso a Primera : Jorge Gómez, Angel Cabrol, Rubén Iglesias, Luis Casal, Hugo Figueroa, Luis Tremonti (Abajo) Luis Díaz, Pedro Mansilla, Orlando”Fantasma” Ruíz, Julio César Fernández y Omar Asencio. (Foto de Carlos Giardoni)